
Años más tarde, a cargo del temible San Pablo, Santana fue el primer gran
verdugo de Marcelo Bielsa en la final de la Copa Libertadores 1992 derrotándolo
junto a Newell’s Old Boys. Un año después, la propuesta consolidada hizo trizas
a Universidad Católica en la doble final de 1993 y al año siguiente, un nutrido
de jugadores de ese plantel le dio a Brasil el título Mundial después de 24
años. Entre ellos: Dunga, DT del equipo que goleó por 3 a 0 a Chile y lo dejó
afuera de Sudáfrica 2010, sin hacer uso absoluto del jogo bonito que recuerda a
los mejores días de la selección de Zico, Sócrates y el profesor Santana. Pero
sí, con una efectividad que le hace precio a la goleada brasileña del día
lunes.
Como el “Mestro Telé”, la labor de Marcelo Bielsa ha encaminado a Chile en un gran legado tras dirigir a la Roja en Sudáfrica: fue el técnico que aplicó en cancha las bases que ordenaron el buen juego institucional del fútbol chileno. "Bielsa se debe quedar, porque nos ha enseñado mucho", insiste Mauricio Isla, tras la eliminación de Chile. El oriundo de Buin -bien agradecido él-, tuvo la particularidad de debutar primero en la selección que en su club de origen.
Como el "Huaso Cósmico", dentro del grupo de jugadores que liberaron sus talentos en Sudáfrica, muchos recibieron con agrado el rigor que se implantó en Pinto Duran desde que arribó el rosarino, y los que no, sintieron en carne propia que acoplarse a ese tipo de campañas no era tan descabellado. El resultado en poco menos de tres años ha sido alentador. El segundo rendimiento más alto del torneo de fútbol más largo y planificado que existe que son las eliminatorias, y el décimo, en la competición más extrema a la que puede ser sometido un futbolista: 3 partidos en 10 días, bajo la atenta mirada de 32 cámaras, 24 millones de personas en China, otros 11 en España, 7 en Chile, otros pocos en Leshoto y todo lo que suma el contexto de un Mundial.
"La exaltación del folklore es un vicio del mundo moderno", aunque que por más que lo prolifere Nicanor Parra, -otro loco que nunca lo condecoraron con una Copa Mundial-, es ahora con el fin del ciclo de Marcelo Bielsa, que vale esperar la detallada evaluación que sin lugar a dudas les va entregar a los que se encargan del buen juego institucional del fútbol de Chile.
Puesto que ahí radica el secreto y la voluntad del éxito de este extraño argentino que toma apuntes mientras los suyos juegan: el de obtener números gratificantes que acerquen a Chile a obtener un óptimo"Jogo Institucional", que sea capaz de derribar mitos, vencer a planteles o pararles la pelota a los soberbios entrenadores rivales. O si la jerga futbolera lo permite: no perder más ante el contundente "peso de la camiseta". Más evidente ha sido el propio DT, con la que cerró el nutrido glosario de frases sobre Chile, en este Mundial: "La distancias son enormes".
Sí, ha sido el simple análisis de la goleada para un loco. Purista, soberbio, idealista. Como se le achaca, sólo el tiempo será el encargado de limpiar las abolladuras que deja el ambiguo éxito de este DT. Y es el mismo paso de los años, el que le encontrará lugar en la razón de un país que se ha dado cuenta, que el fútbol no sólo se trata de otro vicio más, sino que comprende definición, filosofía y un debate que puede llegar a ser exagerado, lindo y simplista.
Así, lo primero será lo primero. Luego, unos apuntarán a saborear el resultado y otros se la jugarán por pretender lo mismo que quiso Santana, cada vez que se probó el buzo verde amarillo: “No se puede llegar a la perfección pero sé que es posible aproximarse"...Esa, sin dudas, fue una de la frases más recordadas que dijo “Telé”.
Felipe Cáceres


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