
De la selección aria del régimen Nazi, hay pocos registros y menos aún de los jugadores judíos que participaron del combinado antes de la anexión con los países ocupados. Lo cierto, es que el fútbol, -un deporte impredecible hasta la médula-, fue la primera gran derrota de Hitler, “que nada pudo hacer ante los colectivos de jugadores con estilo, razas y personalidades diferentes”, tal cómo dice y parte la nota “La pelota de Hitler”, del periodista Ezequiel Fernández Moores, a quien se recomienda leer religiosamente todos los martes en el diario La Nación de Argentina.
Ya en 1942 y ante una seguidilla de derrotas ante Noruega, Suiza y Austria, el Führer ejecutó la orden de prohibir los partidos de su selección. La resolución a Goebbels fue clara: “se prohíbe a la selección que siga perdiendo”. El ministro de propaganda Nazi lo sabía muy bien: “el fútbol es más importante para el pueblo que capturar una ciudad del este”.
Como fue de esperarse, de gloria poco y nada para esta cuerpo técnico que continuó fusilando a los futbolistas que se negaban a participar del equipo anexado y también a varios de los rivales. Entre ellos, figuran anónimamente cómo héroes, Gerard Fuchs y Julián Hirsch, dos de las estrellas judías de la antigua selección alemana que fueron desaparecidos de los almanaques de la federación, junto a otros 300 futbolistas luego de la subida del Nazismo que no tardó en sucumbir ante una máxima futbolística que no se respetó en la landa del “Reich”: el fútbol es un juego en equipo.
Pasó el tiempo y el combinado alemán supo de triunfos. Por suerte. Post Guerra, el silencio, la desconfianza y la crisis moral del país toman un vuelco de alegría con el milagro de Berna. Suceso que corresponde a la final ganada por Alemania en la Copa Mundial de Suiza 1954 frente el poderoso equipo del comandante húngaro Ferenc Puskas. Hungría, por ese entonces el equipo más importante del bloque soviético, fue remontado por 3 a 2 en una mítica final que la FIFA recuerda “como el partido que más fervor nacionalista ha respirado un desenlace de una Copa del Mundo”. Se dice que aquella Copa, fue el punto de inflexión que el fútbol alemán necesitó para transformarlo en la cultura popular y elixir de vida que hoy todos conocemos de este país que hacer rodar la pelota tan fría y calculadamente.
Gran explicación para ese mote fue el contraproducente fenómeno nacido en el Mundial de Alemania Federal de 1974, inculcado por Holanda, llamado “fútbol total”. El comité técnico de aquella Copa lo relata más o menos así: “El sentido colectivo, es el que evita que el jugador incurra en los vicios del individualismo. En el fútbol total, bien practicado, ningún jugador se enfrenta solo a una dificultad”. Ni bien el fútbol imponía jugarse en conjunto, el mundo estaba dividido en dos bloques nacidos en el mismo corazón de Berlín.
En aquél Mundial, Alemania supo derrotarse a si misma en el grupo 1 que enfrentó a la RFA con la RDA y también supo vencer a la novedosa Naranja Mecánica en la final. A las dos Alemania se les recuerda por haber sido dos equipos muy diferentes. Uno inmerso en un universo seleccionable amateur. “La excelencia física proviene de Este”. declaró Georg Buscher, DT de la RDA. Y el otro abastecido de jugadores que militaban en clubes de España, Italia, Inglaterra y la misma Alemania Federal cuándo comenzó el "auge de los clubs" de Europa.
A partir de ahí y cómo en todo ámbito, la unificación de la teoría capitalista y el nuevo proyecto de unificación social tuvo en el fútbol alemán un potencial exponente. Post muro, el nuevo título no se hizo esperar tras ganar la copa Mundial organizada por Italia, en 1990. Luego de haber perdido en semifinales en 1978 y las finales de 1982 y 1986.
Para entender el éxito hay que desgranar los números de los clubes de la Bundesliga. Con datos del mismo Fernándes Moores en la presentación del día martes pasado sobre el equipo que destrozó a Argentina por 4 a 0, descifra que la liga alemana es un torneo que mueve 412 millones de euros anuales y que cuenta con la repartición más democrática en las ligas top de Europa. Así mismo detalla que los 23 jugadores del seleccionado teutón que está en Sudáfrica, no sólo provienen del torneo local sino que además forman parte del seleccionado sub 21, mientras que otros trece están disputando su primer torneo internacional, convirtiendo al seleccionado alemán en el de promedio de edad más baja del Mundial.
La enorme proyección que ha fomentado la producción de figuras en los clubes deriva en parte, desde las políticas de austeridad de la federación, que impiden la llegada de grandes magnates a las mesas directivas de los clubes, cómo sí ocurre en Inglaterra, España o Chile. Lo que aumentó las perspectivas para dirigentes y cuerpos técnicos, en dónde sólo en Alemania son 34.970 los entrenadores afiliados a la UEFA. Cifra que supera los 29.420 de Italia y los casi 24 mil de España.
Un dato contundente que refleja la eficacia de la Bundesliga, es el paralelismo que existe entre los finalistas de la última edición de la Champions League. Mientras, el campeón del torneo, el Inter de Milán, no tuvo italianos ni en la plantilla lombarda, ni tampoco en el seleccionado del país de la bota y se fue de Sudáfrica sin ganar un solo partido. El vice campeón Bayern Munchen, fue el cuarto club que más valores aporta al Mundial (once) y es uno de los planteles que más goles ha celebrado (9) en la cita africana, gracias al apetito del rompe redes de origen polaco Miroslav Klose, a los regates el turco Mesut Özil -joven que está a punto de transformarse en la revelación de la Copa-, y la trayectoria de otros nombres del plantel germano que lleva años preparándose para convertirse, y si España lo permite por ahora, en el mejor equipo de una cita Mundial.

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